arquitectura holística – baubiologie
Pautas principales de arquitectura y urbanismo sostenible

1. Las personas en el centro – solidaridad y alma

Actualmente el sistema del mercado de la vivienda es justo el contrario a lo que debería ser, situando a la persona como consumidor pasivo, cuyas necesidades más autenticas no son tenidas en cuenta.
La arquitectura no es una entidad autónoma sino que aparece integrada en el sistema y debe estar al servicio de las personas. Adquirir una vivienda digna es un derecho primordial de todos. La vivienda no debe ser objeto del mercado financiero desregulado, tampoco el suelo. El urbanismo debe ser más social con una concepción más integradora.
Las personas no deben ser victimas de la especulación del suelo. Se deben favorecer iniciativas sociales, solidarias y justas para facilitar viviendas para todos, incluso para los más pobres.
Los edificios se ejecutan para individuos y para que puedan vivir agradablemente. Hay que realizar una arquitectura para el alma, con calidades de colores, aromas, texturas en las superficies, en una construcción que favorezca la experiencia propia, que no solamente sea funcional sino que nutra nuestros sentimientos y cultive nuestra creatividad.
La autoconstrucción de la propia vivienda, incluso en el marco de cooperativas o de ecoaldeas, en intercambios vecinales, puede ayudar a experimentar el sentido profundo del hogar y encontrar el equilibrio saludable entre lo social, lo económico y el medio ambiente.

2. Respeto al lugar

El edificio y sus habitantes, el terreno y su microclima siempre son únicos. Hay que optar por una buena ubicación, tener en cuenta la topografía del lugar, sus vistas, el paisaje, la vegetación, el tipo de tierra y el agua, las influencias de la geobiología y adaptarse con el diseño a todo ello. Hay que respetar la flora y la fauna y realizar movimientos de tierra mínimos.
Se debe reflexionar sobre la cultura de la ciudad con sus valores urbanos y el sentido de las urbanizaciones. Hoy en día es posible vivir apropiadamente en el medio rural. No tenemos que vivir todos en aglomeraciones grandes, utilizando el campo el fin de semana como parque temático, consumiendo naturaleza, sin una relación auténtica. Podemos crear “ruralizaciones”, ecoaldeas integradas en el paisaje, creando zonas verdes, y todo ello económicamente accesibles para familias jóvenes.
Estamos a favor de una cultura pausada en lugar de la cultura rápida de usar y tirar, de las modas y de la corta vida de los materiales, del consumismo. Un buen diseño necesita su tiempo para componer todas las partes del “puzzle” de las influencias diversas, necesita maduración y un desarrollo conciente. Así evitamos los prototipos de “cajas” uniformes y el aburrimiento arquitectónico (lo que ocurre muchas veces en los concursos por los plazos demasiados ajustados).

3. Clima y orientación

El factor del clima determina con que orientación y de que forma construimos. Cada clima tiene que crear su forma específica de edificación, y así surge en la arquitectura popular en todo el mundo.
Los movimientos modernos en la arquitectura internacional generalmente no obser­van este factor y por eso se diseñan edificios iguales en las ciudades del norte, sur, este y oeste, con un coste enorme de mantenimiento para refrigeración y calentamiento.

4. Diseño armónico

La forma del edificio debe ser diseñada para minimizar las pérdidas de calor en invierno y protegerlo en verano, con los patrones del bioclimatismo. Debe ser compacta con la menor su­perficie exterior, y planeando la casa por zonas según orientación y las necesidades de los habitantes.
Se realiza el diseño en proporciones armónicas, basadas en el numero áureo, y con el estudio exhaustivo de los colores adecuados. Después de valores materialistas y diseños angulosos es preciso expresar formas más sensibles, en construcciones que se unan al ser profundo de las personas y sintonicen con la naturaleza de forma perpetua, como vemos en la Arquitectura Orgánica, que es una tradición viva ya desde hace muchos años. La arquitectura orgánica nace de la naturaleza vivida y entiende a las personas como seres espirituales. Ambos son punto de partida y fuente de inspiración para el diseño.

5. Ahorro de energía y agua

Antes se construía sobre el principio de la fuerza de la gravedad, con muros de carga que eran por lo tanto muy gruesos y pesados. Esto tenía como consecuencia que proporcionaban un aislamiento acústico y una inercia térmica muy favorable, mientras que en los sistemas de construcción actuales se ha perdido esta cualidad de la envolvente de los edificios. En la bioconstrucción, sin embargo, retomamos este aspecto tan importante.
Se diseñan los edificios con un aislamiento térmico óptimo, sistemas de calefacción adecuados, con un porcentaje alto de radiación, aparatos electrodomésticos de bajo consumo y aparatos sanitarios de ahorro de agua.
El estándar para viviendas de gasto de energía para la calefacción debe ser menos de 30 kwh/m2 de superficie calefactada por año. También es posible crear edificios de energía cero o incluso energía positiva.
Se favorece la vegetación abundante autóctona de cada zona cerca de los edificios, que solamente necesita un riego nocturno muy esporádico (“xerojardineria”).

6. Uso de las energías renovables

En la arquitectura tradicional siempre se han tenido en cuenta el sol, el viento y el agua con el uso intuitivo de estas reservas energéticas naturales y renovables.
Conmemoramos esta sabiduría y utilizamos la energía solar activa, por ejemplo en sistemas fotovoltaicos y colectores solares, y de forma pasiva en acristalamientos al sur. También se usa la energía eólica, hidráulica y geotérmica – siempre en sistemas descentralizados, nunca en grandes escalas.

7. Materiales de construcción limpios

La elección de los materiales de construcción es esencial para el bienes­tar de los habitantes y para el equilibrio del medio ambiente. Entendemos los cerramientos de un edificio como nuestra tercera piel (después de la piel corporal y de la ropa).
Se debe desterrar por completo el uso de materiales tóxicos, tanto en su producción, como en su instalación ni tampoco para los futuros usuarios. En bioconstrucción se aplican productos no contaminantes y renovables producidos con bajos costes sociales, ambientales y energéticos, biodegradables o fácil­mente re-utilizables o reciclables. No se emplean materiales que acumulen electricidad estática, que in­crementen los iones positivos del aire, como lo hacen la mayoría de los sin­téticos. No se emplean elementos que impidan la transpiración, cerrando herméticamente las superficies tratadas, sino que se utilizan materiales higroscópicos. Se usan materiales de la zona, apoyando la economía local de pequeñas industrias y evitando transportes importantes.

8. Instalaciones sensatas

En las instalaciones se buscan sistemas sencillos, económicos, perpetuos, que no se agoten y que permitan la máxima descentralización, buscando una autosuficiencia máxima.
Se emplean estufas o calderas complementarias de biomasa y muros radiantes, inodoros secos tipo “clivus multrum”, depuración natural de aguas residuales con plantas palustres y cisternas para el aprovechamiento de aguas pluviales.

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